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La atopia canina

07/07/2013

La atopia canina es un problema bastante habitual que debe ser diagnosticado cuanto antes por nuestro veterinario de confianza. A continuación vamos a explicar qué es la atopia además de dar algunos consejos interesantes.

atopia canina

Qué es la atopia canina

La atopia en los perros también se conoce como dermatitis atópica canina y se basa en una alergia que se desencadena generalmente debido a agentes ambientales. Por esta razón es más frecuente en las épocas en que abundan esporas y polen así como en zonas con exceso de polvo. Existen otros agentes que pueden influir en la aparición de la atopia canina como son los alimentos (alergia a alguno de ellos) y los parásitos.

En la actualidad se calcula que un 15% de los perros padece esta afección. Por otra parte, también hay que considerar que se trata de un problema que suele diagnosticarse en edades tempranas (hasta los cuatro años generalmente), y por ello hay que ponerse en marcha para buscar la solución lo antes posible, ya que con el paso del tiempo se trata de una afección que va empeorando.

Cómo tratar la atopia canina

A la hora de tratar la atopia canina hay que tener en cuenta tres fases esenciales.

El tratamiento farmacológico de la atopia canina

En primer lugar, en el caso de detectar atopia canina deberá procederse con un tratamiento basado en una terapia de choque en su inicio utilizando corticoides.

Posteriormente se procederá a un tratamiento de mantenimiento.

El tratamiento dermatológico de la atopia canina

También es importante realizar un tratamiento de la piel, para lo cual utilizaremos champús indicados para esta afección que permiten disminuir las bacterias y restaurar las condiciones de la piel.

El tratamiento para evitar alérgenos

En tercer lugar, deberemos proceder a realizar una prevención a través de un tratamiento que ayude a evitar los alérgenos. Dicho tratamiento podrá llevarse a cabo una vez que se haya podido detectar el alérgeno.

Dentro de este apartado, la premisa fundamental es que evitemos el contacto con dicho alérgeno, y en el caso de que todavía no haya podido ser identificado, siempre prestaremos especial atención para evitar los ácaros y polen así como las zonas con exceso de polvo.

También es imprescindible protegerlos contra los parásitos externos que puedan provocar esta enfermedad.

Finalmente deberemos cuidar la salud de la piel realizando un mantenimiento y consiguiendo la higiene adecuada pero sin excedernos evitando debilitar sus defensas naturales.