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La pseudogestación o embarazo psicológico

24/09/2011

La pseudogestación es lo que coloquialmente y entre los neófitos se da por llamar “embarazo psicológico”.
Sin embargo no es nada psicológico, sino que es una condición o estado fisiológico y, por lo tanto, normal en la perra.

pseudogestacion_embarazo_psicologico_perraActualmente, y tras dieciséis mil años de domesticación, la pseudogestación o falsa preñez es un fenómeno que está tendiendo a aparecer cada vez menos, debido precisamente a que los perros ya no son salvajes. El vivir en hogares criaderos les exige cada vez menos el tener que “buscarse la vida”, por ejemplo para tener que ayudar a otra hembras en  la cría. Sin embargo sí que nos valemos de esta aptitud de una hembra cuando tenemos cachorros que han quedado huérfanos o una camada demasiado numerosa o con una madre no apta en cuanto a comportamiento maternal.

¿Tiene tratamiento la pseudogestación?

Normalmente no se hace necesario utilizar tratamiento farmacológico para que la pseudogestación desaparezca, aunque a  veces, por el engorro que supone al propietario y las complicaciones para el animal (como por ejemplo: mamitis, alteraciones del comportamiento) se puede recurrir a él.

Es un proceso que suele pasar solo, incluso a veces desapercibido para el propietario; como mucho se recomiendan diuréticos para la inflamación de las glándulas mamarias, o restricción en el acceso a bebida y comida (incluso dieta total durante un día), así como dar largos paseos con la perra durante este periodo.
Está comprobado que la pseudogestación no predispone a la aparición de tumores mamarios, ni de infecciones del útero y que la solución definitiva es la castración.

perros-embarazo-psicologico-pseudogestacionLa pseudogestación se produce en hembras que no han quedado preñadas pero que desarrollan los mismos síntomas
de una gestación real. Ocurre a las 6-8 semanas de haber pasado el celo, aunque puede variar entre 3 y 14 semanas.

En la Naturaleza es un proceso normal, y a veces incluso se utiliza en las manadas de cánidos para ayudar en la cría de los cachorros de la hembra alfa.

Se produce, con mayor frecuencia, en perras de más de dos años, que no han sido montadas ni preñadas y con un alto instinto de reproducción y/o maternal. En otros casos (los menos) aparece después de una monta fallida.

Realmente es una de las conductas anómalas de mejor pronóstico ya que no es necesaria casi nunca la ayuda farmacológica y no precisa de una terapia especializada.

Ciclo reproductivo de la perra

La estrategia reproductiva de los animales depende sobre todo de dos factores:

  • el fotoperiodo
  • y la disponibilidad de alimentos.

Los efectos de la domesticación han hecho que nuestra perra, hoy en día, pueda presentar hasta tres ciclos al año, que actualmente no dependen tanto de los factores citados antes, ya que tiene los cuidados maternales y la alimentación asegurada por su propietario o criador.

emabarazo pscilogico perraEn el lobo, especie de la que proviene el perro, la cría está limitada a una camada al año precisamente debido a la adaptación al clima y a las fuentes de alimentos. Los cachorros deben nacer en una estación de clima suave y en la que la alimentación esté asegurada, de otro modo sería un esfuerzo reproductivo inútil y no se conseguiría el fi n buscado, la perpetuación de los genes.

Nuestras perras domésticas suelen presentar dos ciclos estrales al año, variando entre uno y tres ciclos al año según la raza, la edad y el individuo, por lo que pasa gran parte del año en reposo sexual. El ciclo estral de la perra, con una duración media de 18 días, está constituido por cuatro fases (proestro, estro, diestro y anestro). Generalmente el inicio de la fase proestral se corresponde con el inicio del ciclo reproductivo.

El proestro tiene una duración media de 6-11 días (rango de 2-3 hasta 25 días; Bell y Christie, 1971). Durante esta fase se producen una serie de cambios físicos evidentes tales como la aparición de una secreción vulvar serosanguinolenta procedente del útero, una tumefacción vulvar y atracción del macho como consecuencia de la liberación de feromonas a través de la secreción vaginal, rectal y urinaria (Goodwin et al., 1979). En cambio, durante esta fase de proestro, la hembra mantiene una ausencia de receptividad sexual, reaccionando al cortejo con manifestaciones vocales o reacciones agresivas o violentas.

El estro muestra una duración media de 5-10 días (rango de 2-20 días; Bell y Christie, 1971). Se estima como la fase de receptividad sexual positiva, de tal manera que se considera como inicio del estro el primer día en el que la hembra acepta el coito con el macho. Se caracteriza por la aceptación pasiva o activa del macho, desviando la cola y adoptando una postura de lordosis. Además, se registra una disminución del edema y de la secreción vulvar.

El diestro se inicia en el momento en el que la hembra muestra un rechazo patente a la cópula. Tiene una duración variable en torno a 60-80 días (Holst and Phemister, 1974). Se caracteriza por la reducción del tamaño y el tono de la vulva y la disminución del interés mostrado por el macho.

El anestro, periodo de descanso del ciclo reproductivo de la perra, muestra una duración mínima de siete semanas y máxima de un año (Andersen and Wooten, 1959). Clínicamente es un periodo de inactividad que se caracteriza por la no atracción del macho y el rechazo a la cópula, junto a la presencia de una vulva pequeña y la ausencia de secreción.

Origen y síntomas

Tanto la perra que ha quedado preñada como la que no, pasan al final de su celo por la fase de diestro, en lugar de entrar en anestro (descanso) como otras especies. Por lo tanto, las hormonas circulantes y su efecto debe ser el mismo, pero depende de la actuación sobre el sistema nervioso de dichas hormonas.

Por ello, una perra que no ha quedado preñada puede presentar los mismos síntomas que una que realmente lo está.
Los síntomas concurrentes a esta incidencia hormonal sobre el cerebro aparecerán en el mismo momento que los de una perra gestante, es decir, que el ciclo será el mismo, con la única diferencia de que la pseudopreñez no terminará en parto. Observaremos hinchazón en las mamas y el abdomen, cambios de comportamiento como una mayor agitación e incluso conducta de nidificación, adopción de objetos o muñecos como cachorros y, lo que es más llamativo en algunos casos, agresividad maternal.

Esta agresividad es propia de las hembras que protegen a sus crías y es natural, por lo tanto no debemos considerarla una alteración del comportamiento en sí, sino dependiente de la fisiología de una perra gestante o en lactación.

¿Por qué son agresivas?

La agresividad maternal, tanto si hay cachorros reales como si no, se desencadena ante
la visita o el acercamiento a la paridera de personas u otros animales. Esto nos impediría
el manejo adecuado de los cachorros y las manipulaciones neonatales necesarias para
una correcta socialización. La agresión también puede ser debida a entornos estresantes
sobre todo en perras primíparas que no tienen experiencia o en hembras miedosas.
Hay que entender que los cachorros son un recurso muy valioso para la madre, representan
la perpetuación de sus genes.
Al esfuerzo invertido en el embarazo y parto se une ahora el de los cuidados parentales.
Esta agresividad disminuye cuando los cachorros se van haciendo independientes de
su madre.

Por supuesto estos cambios de conducta pueden resultarnos en algún caso molestos, ya que la perra es posible que no nos deje acercarnos a su cubil. Sin embargo, si no la molestamos, pasarán transcurrido un tiempo.

Los síntomas que deben preocuparnos son los orgánicos, como las mamitis.

Normalmente una perra que ha sufrido una vez de pseudogestación la seguirá padeciendo después de cada celo.

Hay que observar que durante este periodo se produce una ralentización del aprendizaje, por lo que no debemos exigir a perras que estén en entrenamiento, adiestramiento o educación.

Fuente: Especies

Publicado por Cuida Tus Mascotas